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El Territorio

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De los microcomponentes Samsung al suéter de César Costa al Reto Vikingo

General - 2012-12-04 22:15:40

El fin se semana antepasado fue un buen ejemplo de variabilidad, con algo de chamba, un rato de música retro (muy retro) y una experiencia deportiva novedosa.

Lo primero no es nada del otro mundo, un análisis de resultados de una encuesta para Samsung que llevaba a los respondientes desde una descripción de las pachangas en México a nivel popular (o D, D+ como dicen los conocedores) hasta determinar qué es lo más importante al momento de comprar un aparato. La conclusión general es: ¿para qué ir a una tienda formal si entre fayuca, tianguis y talacha todo se puede crear? La relevancia del estudio en cuestión dista mucho de ser de uso práctico en mi vida, pero chamba es chamba y no hay que decirle que no.

Hacia la tarde las cosas se enfriaron, climatológicamente hablando pues no de ánimos. Una invitación de mi madre nos llevó un sábado en la tarde al estadio Roberto “Tapatío” Méndez de Ciudad Universitaria a un concierto de memorias (vividas directamente por nuestros padres y de oídas anecdóticas por nosotros) que tuvo por nombre “Los 60’s en la UNAM”. Hasta donde sé, esta es la segunda ocasión en la que se utiliza el estadio de prácticas de fútbol americano más importante para un evento musical. Antes estuvo Joan Manuel Serrat, concierto que también disfrutó mi madre junto a mi tía Monique. Para mí, fue la primera experiencia no deportiva en ese lugar pues ya había tenido la oportunidad de perder miserablemente en un inter-facultades de tochito banderola en ese mismo césped. Más allá del frío, que como no depende de nadie no vale la pena quejarse de él, me parece que lo único molesto fue que, por algún motivo que nadie logró explicar, decidieron que no se iban a respetar los lugares indicados en los boletos por lo que cada quién se iba sentando conforme llegaba. A pesar de estar ahí más de media hora antes del inicio oficial del concierto, nos tuvimos que ir a unos asientos peor localizados que los que nos correspondían. Como no tenía ningún sentido quejarse, mejor nos adaptamos, dispuestos a disfrutar lo que viniera.

Hablemos de la música… Cuando entramos, nos recibieron los cantos desgañitados de Janis Joplin o más bien, como nos dimos cuenta unos pasos más adelante, de una bastante buena imitadora, la vocalista del grupo White Rabbit (Juait Rabbit de acuerdo al presentador). Un par de rolas más tarde, se despidieron para ceder el escenario al siguiente abridor, el grupo Carbono 14, capitaneado por el actual Director General de Divulgación de la Ciencia (aka director del Universum) de la UNAM, el Dr. José Franco. Junto con otros universitarios de distintas edades tocó una media docena de canciones de inicios de los sesenta, algunas de las cuales, si bien fueron importantes en su tiempo, no se volvieron tan populares entre las generaciones siguientes.

Finalmente, alrededor de las siete, bastante puntuales hasta eso, se despidió Carbono 14 para que iniciara el evento principal. Los anfitriones de la noche fueron Ricardo Rocha y Patricia Llaca quienes, si bien eran necesarios para ir presentando a los artistas, carecieron de cualquier otro chiste o interés. Como el interés de esta reseña no es dar pelos y señales del concierto, me limitaré a enumerar a los artistas que amenizaron la noche. Abrió Johnny Laboriel con lo que queda de los Rebeldes del Rock y parte de su espectáculo cómico-musical, incluido un bailecito con la Llaca. Siguieron tres bandas bastante importantes de la época: los Locos del Ritmo, quienes en sus inicios fueron capitaneados por Toño de la Villa, los Teen Tops quienes sufrieron la ausencia de su eterno vocalista y figura imprescindible del rock and roll mexicano, Enrique Guzmán y los Sinners, a quienes nunca había siquiera oído mencionar. Después de esta revisión de varios de los grandes éxitos, tocó el turno a los dos invitados de honor. Primero salió César Costa – con todo y suéter debajo de una gabardina – quién se encargó de empezar a apagar los ánimos después de que mucha gente se calentara con el bailongo de las bandas anteriores. Lo que sí me gustó bastante de su presentación es que antes de cada canción hací una muy breve reseña de sus orígenes, al estilo de “Story tellers” de VH1; por desgracia la gran mayoría eran baladas que se apagaban con el creciente viento frío. Para cerrar el concierto, invitaron a la novia de México, Angélica María, para terminar con la labor de su viejo amigo y compañero fílmico y musical. Por no conocer su trayectoria, no me atrevería a asegurarlo, pero según yo cantó un repertorio que no era significativo de la época que este concierto pretendía recordar. Nosotros, como mucha más gente, desertamos el barco antes de que terminara la presentación, pero hay que aceptar que se estaba poniendo muy aburrido si no eras un fan incondicional de la cantante. A grandes rasgos estuvo muy divertido y fue todavía más placentero estar ahí con Laura, mi padre y mi madre, quien me inició en el mundo del rock.

Un gran acierto que vale la pena mencionar es que entre cada acto, cubrían el tiempo de cambio de escenario con videos en los que hicieron un recuento de los eventos más importantes de la UNAM, de México y del mundo desde 1954 hasta 1968. éstos permitieron, además de recordarnos la historia desde la construcción e inauguración de Ciudad Universitaria hasta Tlatelolco y las olimpiadas, reducir al mínimo las participaciones de los anfitriones quienes además de repetitivos se empezaban a volver algo irritantes.

Finalmente llegamos como a las once de la noche a la casa, bastante más tarde de lo que habíamos previsto, y no encontramos a una Croqueta emocionada y desesperada al mismo tiempo. Inmediatamente la llevamos a una vuelta y volvimos para lo que deberían ser unas horas de necesario descanso antes de la carrera del día siguiente. Supongo que fue por la emoción ante lo desconocido, pero las horas pasaron y el sueño llegó como hasta las tres y media. Así, con una fuerte desvelada nos despertamos a las cinco, preparamos nuestras cosas, nos cubrimos hasta los dientes en anticipación al frío y nos subimos al coche con todo y perra para dirigirnos al reto vikingo.

[Continuará en la siguiente entrada.]